martes, 22 de abril de 2014

El baño, tu aliado

Cuando te convertís en madre te das cuenta de que el baño se usa, básicamente, para llorar. Bajo la ducha o sentada en la tabla del inodoro. Ahí descargas angustias, miedos, cansancios y broncas. De a poco te vas dando cuenta que ese sitio pensado para otras actividades se ha convertido en tu bastión desde donde luchas para mantener la cordura.
Si has sabido poner reglas claras desde el comienzo de tu relación de pareja, entonces, a ese sitio no se accede sin tu consentimiento. Si dividiste las tareas, entonces, tu pareja tiene el deber moral "de solo cuidar a la criatura mientras estás en el baño".
Si tenés otros hijos, ellos deben saber que ese lugar "es para que mami esté tranquila". Que entre líneas sería "para que mami no ande con cara de desencajada y haciendo cosas como poner la leche del bebé adentro del mate y meterlo al microondas".
Si te avivas -algo difícil cuando el agotamiento no te deja pensar con claridad- ese baño es TU lugar en el mundo los próximos meses. Además de bañarte, llorar y contestar el llamado de la naturaleza (horrenda frase) allí se pueden desplegar múltiples tareas: pintarse la uñas, depilarse con pinza, contestar mensajes de Whatsapp, jugar unas partidas de Preguntados, leer el diario (como para saber en que día estás), envidiar a los que suben fotos de sus vacaciones en Facebook, chequear el nivel de canas que hay en tu cabeza y la cantidad de vello del resto de tu cuerpo, darte cuenta que pareces una mujer de las cavernas o hasta escribir un blog.


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